jueves, 21 de julio de 2011

Una vida ruidosa.

En una casita situada junto al ferrocarril, vivía un hombre muy desdichado, y se sentía desgraciado porque su casa estaba justo en medio de, por una lado con un mecánico de motos y por el otro con el de una maestra de música. Cada día, el hombre se despertaba con los martillados, golpes y ruidos de los motores en el taller del mecánico; parecía que el ruido, iba a demoler su casa. Después llegaban los alumnos de la maestra de música y comenzaba el chirriar de violines, el atronar de un piano, los alaridos de las trompetas o el quejido ensordecedor de una flauta desafinada; parecía que el raro concierto iba a destruir todos los cristales de la casa.


El hombre que vivía entre estos dos ruidosos vecinos ya lo había probado todo: tapones para los oídos, meterse bajo la almohada... incluso una vez se encerró en el armario, pero los motores seguían rugiendo y la música seguía chirriando hasta que pensó que le iba a estallar la cabeza.


-Esto no puede seguir así!- Decidió un día. Pero como no podía oír ni lo que pensaba, tuvo que decirlo a voz en grito: -ESTO NO PUEDE SEGUIR ASÍ!


Fue a casa de su vecino el mecánico y le ofreció dinero en cantidad a cambio de que vendiera su casa y se mudara. -Lo que usted mande jefe! -dijo el mecánico, que nunca en su vida había visto tanto dinero junto. -A primera hora me mudo. 


Después, el hombre fue a casa de su otra vecina, la maestra de música y le ofreció todo el dinero que le quedaba para que vendiera su casa y se mudara. -Pero como no, por supuesto querido vecino -respondió la maestra que tampoco había tenido tanto dinero. -A primera hora tendré todo listo.


Así, el hombre que vivía en el medio se fue contento a su casa y se encerró en el armario con sus tapones en los oídos y una almohada en la cabeza por ultima vez. No entendía como no se le había ocurrido antes esta solución. Al día siguiente, seguía tan contento que hasta fue a casa de la maestra a ayudarla a empacar sus cosas.


 -Espero que haya encontrado un bonito lugar para vivir. -le dijo mientras le ayudaba a bajar el piano por la escalera.
-Oh si, gracias, realmente fui muy afortunada. Resulta que el mecánico de motos que vive del otro lado de su casa, también deseaba mudarse.. eh mm no se por que; así que yo me voy a vivir a su casa y el se queda con la mía.


                                                                                                        Tomado de mi infancia.